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martes, 6 de diciembre de 2011

LOU REED/ METALLICA - LULU (2011)

Antes que nada, Lulu es otro disco (solista) de Lou Reed ya que, si bien Metallica funciona como una banda de acompañamiento de lujo, es precisamente el cantautor neoyorquino el motor principal de este curioso proyecto. Partiendo de esta premisa, no hace falta decir que este es un álbum difícil, arduo, hermético; como la mayor parte de las obras de la larga trayectoria de Lou. Por eso, cada una de las 10 canciones incluidas en esta producción compuesta de 2 CDS son durísimas paginas musicales lacerantes, que expresan todo el dolor implícito en esta historia basada en la pieza del dramaturgo alemán Frank Wedekind, que relata las desventuras de una bailarina abusada. Son canciones poderosas que sacuden al oyente, sin darle respiro ni concesiones, y cuentan como Lulu –cuál si fuera una muñeca rota- es corrompida por sus experiencias con los hombres que va conociendo. Debido a esto, demás está decir que difícilmente los fanáticos más convencionales de Metallica puedan llegar a interesarse y gustar de esta obra; ya que Lulu no tiene mucho que ver con la tradición musical de esta banda, más allá que el sonido del disco sea inevitablemente el de Metallica. En sí, este disco es una muestra de la aceitada colaboración –tanto musical, como lírica y compositiva- de Reed con la banda, pero, a la vez, dejando en claro que –como no podía ser de otro modo- ésta no es una obra hecha para agradar a las masas, ni una colección de canciones para cantar bajo la ducha; todo lo contrario, es un álbum que sigue la tradición de Berlin (1973), el tercer opus solista de Reed: pura desesperación lúgubre y dolorosa. No por nada, escuchando la historia de Lulu, se puede recordar la crudeza del clásico “The Kids”, por ejemplo. De acuerdo a declaraciones de Reed, lo mejor de esta colaboración musical con Metallica radica en la satisfacción que le brindó el resultado final del disco, cuando estuvo finalizado, ya que considera que ésta es una de las mejores obras que jamás realizó, y que lo llevó al mejor lugar en el que había estado. Realmente, fue un sueño para Lou el colaborar con un grupo tan poderoso como Metallica, y su resultado musical, maravilloso. 
La idea del proyecto, en sí, surgió de Robert Wilson, uno de los colaboradores habituales de Reed, quien lo convenció de crear una nueva adaptación de la obra de Wedekind, elaborando un corpus de canciones –varias de las cuales superan los 10 minutos de duración- que relataran las tremendas vicisitudes de Lulu. El resultado final es una bomba sonora incendiaria, un disco agrio y dificultoso, que no da concesiones y se mantiene en sus propios términos, como si fuera una superficie inundada de sonidos iracundos y líricas desesperadas y urgentes. Debido a estas características, Lulu no es, ni será nunca, un disco pensado para oyentes ocasionales, ya que necesita de sucesivas e exhaustivas escuchas para ser desentrañado y –medianamente- entendido, aunque jamás digerido. Por momentos, a lo largo de sus 87 minutos, esta es una obra que te pasa por arriba como un Scania, aplastándote con eficiencia, desafiando la paciencia del oyente hasta el máximo; Reed hace lo que se le canta y -como casi siempre- se caga en todo, en virtud de su arte; y él es así… Ahora a los 69 años, sigue igual –en su actitud artística- a lo que hacía durante su juventud en la legendaria Velvet Underground, y por siempre será ese mismo salvaje trovador callejero y vicioso, el irresistible poeta de las cloacas al que se lo ama u odia, sin términos medios… Metallica, por su lado, funciona como la vía adecuada para tal demencia sonica, construyendo un muro irreducible de guitarras, por cortesía de James Hetfield y Kirk Hammett, que suena tan afilado como de costumbre, en especial en temas como "Dragon", "Frustration" o "Mistress Dread". Y era así nomás, ya que Reed había buscado a Metallica como banda de apoyo, en especial, debido a su histórica fuerza desmedida, su poder y vitalidad musical. En este punto se destaca también la base formada por Trujillo y Ulrich, en bajo y batería respectivamente, así como el acompañamiento vocal de Hetfield, que hasta suena por momentos “blandito” comparado a la labor de Reed, aunque lo apuntale en forma brillante a lo largo de todo el disco. Sin embargo, lo más flojo de esta producción quizás sean las partes en que existe una aparente desconexión entre la música y las letras, defecto que parece una consecuencia inevitable del atrevido experimento derivado de esta colaboración musical llevado a cabo por artistas que de movida no tienen pasados musicales hermanados entre sí. Sin embargo, a grandes rasgos, esta es una propuesta artística muy respetable y para recomendar. 

Sus temas son variados y nos dejan pasmados, en el mejor sentido, desde los primeros compases de “Brandenburg Gate” –primer corte del CD 1-, una canción que empieza acústica, con una impronta 100 % Reed, hasta que llega el estallido sonico de Metallica, que hace volar los parlantes; redondeando un tema brillante, sin dudas, a pesar de sonar un poco repetitivo en su lírica. Lo sigue “The View”, una canción cansina y oscura; en una perfecta combinación vocal de Reed y Hetfield. En “Pumping Blood” su comienzo de disonancias con un acompañamiento de guitarras rotas, que semejan violines (recordando el trabajo de John Cale en la Velvet), desemboca en otra aplanadora sonora imparable de este combo de cinco músicos; aunque, sin embargo, este sea un tema con varios cambios climáticos. Por el contrario, “Mistress Dread”debe ser una de las canciones más difíciles del disco, y eso ya es mucho decir; un auténtico tour de force. “Iced Honey” es una canción corta y con “gancho” –si se puede decir algo así-, y quizás uno de los pocos temas incluidos en este álbum que podría ser emitido en la radio, sin despertar la ira del oyente ocasional. Por su parte, “Cheat on Me” se encarga de terminar el primer CD, y es otro tema amargo y lleno de desesperación… Nada menos que 11 minutos y 26 segundos no aptos para corazones débiles… La segunda parte de esta obra arranca con “Frustration”, potente canción que le hace honor a su nombre, una “frustración” que exaspera pero que no se puede dejar de escuchar. Lo mismo que “Little Dog”, un tema casi “acústico” –aunque con disonancias eléctricas- con un sabor muy Velvet, una característica que –como podrán imaginar- también lo vuelve difícil de escuchar. Mientras que en “Dragon” la cosa cambia, y a pesar que se vuelve un tanto forzada la unión de la voz de Reed con el acompañamiento musical de Metallica, el tema se salva y termina resultando atractivo, anticipando el final de Lulu con “Junior Dad”, una suave canción climática pero igualmente ardua e intransigente que dura la friolera de 19 minutos con 28 segundos (!) –en los que los últimos 10 minutos son poco más que resonancias del sonido de las guitarras eléctricas-, en un final ideal para un disco increíblemente demencial pero, al mismo tiempo, encantador. Sin dudas, una de las producciones artísticas –hechas por artistas del mainstream del rock- más interesantes de los últimos tiempos. Prueba superada, entonces, para esta amalgama musical de Lou Reed con Metallica

Emiliano Acevedo.-

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