
En esos tiempos, allá por el 98´, Catupecu se formaba como un power trío con un estilo completamente distinto al que nos tiene acostumbrado en los últimos años. Fernando Ruíz Díaz, en guitarra y voz, Miguel Sosa (luego creador de Cuentos Borgeanos) en batería y percusión, sumados a Gabriel Ruíz Díaz sacándole chispas al bajo, componían un psycho punk cargado de fuerza, de distorsión y una energía que hacía saltar hasta a quien no quería. Nada de efectos sonidos, ni computadoras, solo el poder de los instrumentos y la voz. Probablemente este no sea el período de máximo esplendor de la banda, visible luego en discos como Cuentos Decapitados, Cuadros dentro de cuadros o El número imperfecto. Sin embargo aporta la posibilidad de acceder a los inicios del grupo y a una comprensión de cómo la banda fue forjando ese estilo hard rock electrónico que los llevó al éxito.
La propuesta de Catupecu en A morir, fue considerada arriesgada, dado que ninguna banda hasta el momento en Argentina se había atrevido a grabar un cd totalmente en vivo, sin arreglos, algo completamente innovador. No obstante el grupo lo consideraba algo natural, argumentando que dado que sus shows, al igual que los de las demás bandas del circuito underground, eran grabados por el propio público en casetes, no veían razón alguna de no hacerlo ellos mismos con mejor sonido y producción.
En el concierto tocaron canciones de su anterior disco Dale! con el agregado de cinco temas completamente inéditos. La apertura la brinda “Nocoso” tema totalmente punk con la batería a mil y una letra monotemática compuesta de una única palabra. Manteniendo el ritmo y el vértigo le sigue “Todo pasa todo queda”, “Los tres deseos”, “Testigo criminal” y “Apirié omaparé piaroló” con la vibración y la energía en la voz de Fernando, acompañados por solos de bajo y guitarra a pura distorsión. Un ritual de potencia que se observa también en un tema con mucho mas contenido como “El lugar”, luego re-versionado varias veces por la banda en diferentes conciertos y CDs. Una de las perlas que decora el cd es un cover excepcional del tema “Héroes Anónimos” de Metrópolis (banda pop argentina de los 80´).

Infaltables en todo concierto de Catupecu Machu dos temas que incitan y promueven el pogo como ninguno. El primero “La polca” un tema inspirado en las polcas nórdicas pero cuya letra no posee conceptos, sino palabras inventadas por la banda que acompañan la música. Esta canción cuenta con la participación de Javier Herlein en acordeón, quien luego se convertiría en baterista de la banda.
El segundo “Dale!”, tema icónico de la banda que nos va arrastrando con un sonido envolvente y que deja los silencios y ritmos necesarios para que se genere ese rito rockero donde no importa nada más que chocar y disfrutar de la música. Un tema para generar revoluciones, que invita al perpetuo movimiento y que todo fanático de la banda, que se precie de tal, quiere escuchar en cada concierto.
Dentro del disco la banda escribió unas palabras que buscan mostrar la filosofía del álbum y que es bueno destacar para acceder a la fibra más íntima de este particular trabajo: “Se nace con todo. La vida siempre es vida en sí misma, es un extremo y los extremos de más vida, en que la vida baila y grita y se destuerce y sale. Son esos momentos que quedan grabados en relieve. Son esos en que la última gota de transpiración que queda parece estar por dejarnos, que los huesos están por salirse, que la emoción es uno mismo… Siendo uno y todos a la vez.”
Tal vez de eso se trata, de un sentimiento compartido que va mas allá de la música, que busca rebelarse, que busca correr, saltar y gritar. Un sentimiento que desborda lo armónico y que se transforma en pura energía, con un toque de locura.
Gustavo E. Rosatto.-
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