Enfrentarse a una nueva obra de Björk es siempre un desafío, podemos decir que la islandesa es una de esas artistas que siempre esta de cara al futuro, vanguardista dirían unos, elitistas otros, lo único indiscutible es que su talento y sus ganas de investigar y sorprender siguen intactos desde su disco debut como solista Debut (1993), en el cual presenta una mezcla perfecta de electrónica, trip hop y pop pero lo que más sorprendía era su particular registro vocal. Anteriormente supo estar al frente de The Sugarcubes banda de rock alternativo formada en su Reykjavik natal y con quienes edito tres álbumes entre 1988 y 1992. La carrera de Björk es muy regular y con altísimos picos de creatividad como Homogenic (1997) y Vespertine (2001) son dos obras extraordinarias.
En el año 2004 se produce un quiebre en su carrera cuando edita el disco Medulla grabado únicamente con voces y muy pocos instrumentos, un trabajo de difícil acceso para el público que sigue a la Björk mas cancionera. Tres años después llegó Volta con el cual intentaba volver de nuevo a la senda electro pop, una vez finalizada la gira de dicho álbum en 2008 Björk perdió la voz y no se sabia si volvería a cantar, por suerte y después de siete meses de recuperación todo volvió a la normalidad.
Biophilia su nuevo trabajo esta compuesto íntegramente en una tablet táctil pero interpretado por instrumentos diseñados para la ocasión que comenzó a venderse en forma de aplicaciones para Iphone y Ipad hace ya algunos meses pero, vayamos exclusivamente a lo musical las canciones que componen Biophilia (amor a la vida), son una mezcla conceptual entre la armonía cósmica, la ecológica y la astronomía. El disco abre con la canción “Moon” una dulce melodía acompañada por arpas, coros y bases programadas “Thunderbolt” sigue por el mismo camino dejando de lado las cuerdas pero incorporando otros juguetillos sonoros, el tercer tema "Crystalline" es lo mas cercano que podemos encontrar a la Björk convencional en "Biophilia" una canción pop con un final cargado de beats y cortes de baterías programadas que hacen mover hasta a un muerto.
El resto de las canciones son un muestreo de sus experimentos con pasajes a capella, arreglos de cuerdas machacantes y travesías electrónicas de su singular instrumento el Gameleste, mas allá de la obra conceptual que simboliza Biophilia todo un concepto del futuro de la música y sus aplicaciones multimedia para los que esperan a una Björk de canciones mas accesibles deberán seguir esperando y para los mas aventurados a sumergirse en mares de la exploración sonora bienvenidos a Biophilia el octavo disco de Björk una artista que nunca pasa desapercibida mucho menos con la peluca de la portada.
La portación de apellido puede ser un lastre demasiado pesado para ciertos hijos de artistas que intentan desandar la misma senda que sus padres, todas las comparaciones son odiosas pero los casos sobran desde Sean y Julian Lennon a Jackob Dylan todos inevitablemente serán comparados con sus progenitores, y lo que es más absurdo aún con sus obras. Lo más sano quizás sea encaminar una obra completamente distinta, tomar distancia de lo que implica ser el hijo de …. Y pasar a la historia con nombre propio.
Baxter Dury es el hijo de la leyenda punk Ian Dury si, aquel que escribió himnos generacionales como “Sex & Drugs & Rock n’ Roll” y “Wake Up and Make Love with Me” casualmente ambas del disco New Boots and Panties!!! (1977) álbum cuya portada esta ilustrada por una foto de un pequeño Baxter Dury con apenas cinco años junto a su padre.
El primer trabajo de Baxter vio la luz en el año 2002 Len Parrot’s Memorial Lift es una obra sumamente reflexiva y llena de melodías lánguidas y ensoñadas muy influenciado por The Velvet Underground y Radiohead, producido por los Portishead - Geoff Barrow y Adrian Utley, y el acompañamiento en guitarras de Richard Hawley ya mostraban que el pequeño Dury sabía como rodearse de grandes talentos para plasmar sus ideas, en este primer trabajo se notan pocas influencias musicales de su padre, luego llego la hora de Floor Show (2005) más orientado al dream pop y al Indie de guitarras varias composiciones de este trabajo son a dúo con Ben Gallagher hijo del legendario tecladista de los Blockheads la banda de Ian Dury, Mickey Gallagher.
El tercer trabajo de Baxter Dury es Happy Soup del cual podríamos decir que es una obra de canciones simples, pero a medida que pasan las escuchas uno se va adentrando en los arreglos traviesos de sonidos valvulares y teclados con aroma vintage. El primer tema “Isabel” influenciado claramente por el Elvis Costello de "(I Don’t Want to Go to) Chelsea" ay!!! Esa guitarra!!!, “Claire” es el primer corte y es una típica canción pop lo-fi con interesantes coros femeninos, todo el disco esta atravesado por un enfoque irónico y a la vez reflexivo, “Pic Nic On The Edge” con aires New Wave es el tema que mas se acerca a la música del viejo Dury , un bajo punzante y bien marcado junto a una guitarra afilada nos retrotraen a fines de los años setenta, “The Sun” es una deliciosa balada surf para escuchar en cualquier playa viendo caer el sol y deslizándose sobre la espuma blanca.
En definitiva Happy Soup es un disco de lindas canciones, y que en definitiva un poco de pop, new wave y la voz del pequeño gran Baxter no le vienen mal a nadie
Andrés Ruiz es uno de los más interesantes cantautores argentinos de rock surgidos en la última década. Su obra intimista, sutil, oscura y miscelánea, nos habla de sus influencias, allí donde resuenan los ecos del Peter Hammill de Van der Graaf Generator, o los temas más tranquilos de la Velvet Underground. Introspección musical total y absoluta. Por eso no fue nada casual que mientras tuvimos esta charla, de fondo, se escuchaba la voz de Hammill resonando en Still Life (1976), el clásico álbum de VDGG. Todo esto ocurrió en su departamento de Floresta, en donde nos encontramos para charlar de su carrera y sus gustos musicales, o, simplemente, del arte en general. Discos viejos, vinilos, un noble pasacasete ochentoso, su gata juguetona, y una biblioteca generosa en clásicos de autores universales forman parte de su mundo, y ese fue el entorno de este dialogo, matizado por un café con leche y galletitas, que compartimos un jueves a la tardecita.
Por Emiliano Acevedo.-
Fotografías: Andrea Asturiano.
30 INVIERNOS
¿Cómo fueron tus inicios en la música?
Yo soy baterista, ese fue mi primer instrumento. Con la batería tuve mis primeras experiencias, desde los 14 años, tocando en grupos, de varios estilos diferentes: rock, pop e incluso heavy metal. En mi casa siempre hubo instrumentos –pianos, teclados, guitarras- porque mis hermanos también son músicos, y nos poníamos a tocar. Así quedesde chico, que me ponía con la guitarra, o el teclado, –a pesar de no haber estudiado esos instrumentos- a boludear, a inventar canciones. Tanto la guitarra como el teclado fueron claves en mi vida para empezar a forjarme como compositor, porque en todos los grupos en los que toqué la batería –por lo general- también compuse mucho. Si hubiese partido solo desde la batería, este desarrollo compositivo me hubiese costado más, porque no es un instrumento que se preste para realizar eso. En resumen, toqué muchos años la batería en infinidad de proyectos, hasta que después –un poco por hartazgo, y un poco para enfocarme en otras cosas- quise desarrollarme más como solista. A mí siempre me gustó mucho cantar, así como leer y escribir, por eso creía que la cuestión de la palabra –el tema de las letras- era muy importante. Yo componía muchas canciones pero nunca mostraba ese “decir” que quedaba guardado para mi intimidad. Durante mucho tiempo no me animé a mostrarlo. Por eso, en paralelo a mi actividad como baterista, hice un montón de temas que cantaba en la guitarra, solo, en mi casa. Sin embargo, desde chico tengo claro que quería ser compositor. Seguramente me hubiese gustado formar parte de algún grupo en el que todos fuéramos compositores, que viviéramos la música desde una cuestión de amistad, viviendo en comunidad, pero lo que me ocurrió es verme involucrado en grupos que nunca maduraron, porque no hubo quórum con los otros músicos, todos excelentes -desde el punto de vista técnico-, pero muy colgados, ya que solo le dedicaban su tiempo a la música como si ésta fuera un mero hobby, y eso no era lo que yo querría. De ahí viene ese hartazgo que te decía, por eso recomiendo alejarse de ese tipo de gente, porque te tira todo para atrás, ya que mientras uno quiere hacer cosas, progresar como músico, el no tener gente a tu lado que pretenda lo mismo, te frena… Creo que, a todo nivel, es muy importante el compromiso en la música, el comprometerse a ensayar y demás. He visto gente que no venía a ensayar porque decían que era el cumpleaños de la tía, o te metían cualquier otra excusa…
Tu formación musical, entonces, es solo como baterista…
Sí, ese es el único instrumento que estudié, digamos, de manera “formal”, además de el tabla (un instrumento indio de percusión). Estudié un poco de acordeón a piano, también, pero el instrumento en el que considero que tengo una formación con base teórica es la batería. En lo demás, ya sea guitarra, piano o el canto, lo mío es autodidacta.
Tu hermana (Florencia Ruiz) también es cantautora, ¿tenés algún otro músico en tu familia?
Sí, somos tres hermanos y el mayor (Federico) también es músico, aunque sólo se dedica a esto como hobby. Igual, creo que –a pesar de dedicarse a otra cosa- es el mejor de nosotros tres…
¿Y cómo empezás a largarte como solista?
Porque un chico que tocaba con nosotros en el grupo de Florencia, me empieza a grabar las primeras canciones sin ningún plan determinado. Así comenzamos y seguimos grabando hasta que hago el material incluido en mi primer disco (Amuleto, 2005). Luego, comencé a presentar esa producción, solo, y desde ahí, no paré más.
¿Cómo pensaste el material incluido en ese primer trabajo? ¿Compusiste temas especialmente, o ya los tenías?
Mitad y mitad, tenía muchos temas ya escritos –algunos quedaron-, y otros fueron saliendo durante el transcurso de la grabación. Lo empecé a grabar en 2003, lo termino un año después y se edita en 2005. Previo a esta experiencia ya había realizado un EP (Cosas acostumbradas, 2002) con una ex novia mía, que incluía un par de canciones (utilizadas en una instalación), pero a ese no lo cuento como un disco mío. Ahora bien, si hay algo con lo que nunca tuve problemas es con la cantidad de demos que tengo hechos. Su calidad, bueno, es discutible, pero en lo referente a la cantidad, siempre compuse muchísimo. Por eso, siempre me quedan en cada disco, por lo menos, diez temas afuera.
CONJUGAR LETRA Y MUSICA
Alguna vez, Andrés trabajó en una famosa disquería y librería de la calle Corrientes. Ese fue uno de los tantos trabajos que tuvo que hacer para mantenerse económicamente mientras desarrollaba su labor artística y estudiaba en la universidad. Justo en ese empleo confluyeron dos de las máximas pasiones de Ruiz: la música y la literatura. Actualmente, luego de terminar de cursar la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA), durante las mañanas se dedica a realizar trabajos como comunicólogo, dejando las tardes y noches dedicadas a esas dos pasiones primigenias y –por que no- a una charla amena como esta que seguimos compartiendo con ustedes…
¿De que manera la música que escuchaste te influye en tu obra?
Eso varía bastante según los discos. Me parece –incluso varias personas me lo han dicho- que mis cuatro discos son bastante diferentes entre sí. Eso es importante para mí porque habla de mi visión sobre la música. Yo creo que el arte tiene que tener una cuestión “plástica”, en el sentido de que está en constante movimiento y no en un compartimiento estanco. Si no, estaríamos siempre haciendo la misma canción. A veces ves músicos re valiosos que hacen todos álbumes muy parecidos entre sí, y está todo bien, lo mío no es una crítica a ellos ni nada parecido, pero -en mi caso-, yo siempre me aburro de mí mismo y por eso necesito hacer cosas nuevas todo el tiempo. En lo que respecta a mis influencias, éstas tienen que ver bastante con el rock nacional, también hay reflejado un interés por el rock progresivo, por el pop, así como referencias al beat, al folk, a la música experimental… Pero, en todos los discos hay una línea que los une y tiene que ver con cierto nivel de oscuridad de las letras, también evidente en mi manera de cantar…
Mirando tu biblioteca se ve que sos de leer mucho, ¿crees que alguna lectura te ha influenciado a la hora de componer canciones?
Sí, totalmente. En mi inspiración es muy importante la literatura, en algunos casos también es muy importante el cine o, inclusive, cuestiones ligadas a otro tipo de artes. Por ejemplo, ver una pintura o una escultura y que eso funcione como un disparador de letras, también me ha pasado; pero, en el caso de la literatura, mis escritores preferidos que me han inspirado son (Oliverio) Girondo –en especial, en mis primeras composiciones más surrealistas-, Vitold Gombrowicz, (Edgar Allan) Poe… Con respecto a Poe, en mi disco Ruiseñor hay muchas cuestiones inspiradas en sus relatos. Me gusta mucho mezclar lo que tiene que ver con el mito y la cuestión fantástica y vincularlos a lo cotidiano, a las relaciones de amor. A veces termina siendo un poco delirante, como pasó en Los Deudos, mi tercer álbum. A mí me gustan muchísimos escritores, ahora mismo estoy escribiendo un par de letras que tienen que ver con la obra de (el escritor chileno) Roberto Bolaños, como también con John Kennedy Toole (autor de La Conjura de los Necios). Roberto Arlt es un escritor muy bueno en lo que respecta a la oscuridad, con ese juego que tenía con su manejo de la ironía y esa cosa áspera de sus narraciones. Dostoievski también me encanta, así como otros escritores rusos… Creo que lo más importante, para que una letra funcione, sigue siendo no caer en los lugares comunes, dejar siempre una puerta abierta a la imaginación.
Incluso, hiciste un libro de poesías (Los Cinco Minutos del Té…, 2007)
Sí, con poesías ilustradas por Erica Villar (artista plástica, también autora de todas las hermosas tapas de sus álbumes). Hicimos una edición bastante corta –un proyecto artesanal en conjunto con ella- que se agotó rápido, ahora tenemos que ver si hay alguna posibilidad de reeditarlo. Estuvo muy bueno como experiencia, ya que durante muchos años me convertí en fanático de la poesía y había estado escribiendo un montón.
¿Qué grupos del rock internacional actual te gusta escuchar?
Ahora estoy escuchando un poco de Fleet Foxes, y a algunos grupos más conocidos como Los Strokes, Franz Ferdinand, Artic Monkees… También Arcade Fire, otro grupo que ofrece una mixtura muy buena en sus discos, que traen temas con un abanico estilístico amplio que va desde cosas parecidas a lo que hacía George Harrison hasta alguna tipo Pink Floyd. Pero, en general, no soy demasiado seguidor de las bandas nuevas; tengo un montón de discos de rock internacional, pero siempre termino cayendo en los grupos clásicos de las décadas de los `90, `80 y `70…
Siendo baterista, ¿cuáles son tus preferidos?
Me gusta mucho lo que hace Bill Stewart, un baterista norteamericano que ha tocado con los mejores músicos de jazz, así como también me gusta Vinnie Colaiuta. Mis gustos e influencias musicales van desde Steve Gadd hasta Igor Cavalera, imaginate…
¿Volverías a trabajar de baterista, en un proyecto que lidere otro músico?
Sí, totalmente. Cuando encuentre un proyecto que me genere mucho entusiasmo lo haré sin problemas. La batería es un instrumento que me encanta y domino. En el caso de Compañero Asma (el proyecto de Hernán Espejo en el cual, en 2009, participó en la grabación de Guitarra dulce hogar) nos separamos porque cumplió un ciclo, nos pareció que tres años estaba bien para ese trío, aunque sonaba bárbaro. Era una gran banda…
¿Qué es lo que más te gustó de tocar junto a él?
Me parece que Hernán es un gran compositor de canciones y además me gustó el poder volver a la escena de las bandas, tocar en festivales, tocar con Pez, con bandas de Rosario, Mar del Plata… Eso está bueno, salirme un poco del lugar del solista, el tener que estar ahí presente (adelante en el escenario) con la voz, hablar, etc. Participar en una banda como baterista es estar atrás y romper todo, yo cuando estoy tocando batería me saco bastante… Por eso, ahora tengo que reemplazar la batería por un psicólogo, viste, porque cuando tocas el instrumento es como que liberas todas tus angustias y sacás todo lo reprimido.
¿Sos de encontrarte con gente que sólo te conoce por tu actividad como cantautor y que luego se sorprende de verte involucrado, tocando la batería, en otros proyectos, o viceversa?
No te miento, pero eso me pasa todo el tiempo. Hasta el día de hoy encuentro personas que me conocían sólo como baterista y te dicen “che, te vi el otro día tocando la guitarra, no sé adonde. No sabía que también cantabas…”; son pibes que capaz que escuchan todo el día sólo heavy metal, jazz o lo que sea, y no tienen ni idea de que yo también hago canciones, y al revés también me pasa, gente que me conocía como cantante y no sabía que yo tocaba la batería. Me sucedía cuando estaba en Compañero Asma, ya que tanto ese proyecto como el mío solista se movían en los mismos círculos, por eso tocaba en los mismos escenarios con ambos, y el publico no dejaba de sorprenderse de verme realizando dos actividades tan disímiles.
NARRACIONES EXTRAORDINARIAS
En enero de 2010, Andrés grabó su cuarto disco Ruiseñor, un introspectivo y hermoso álbum repleto de sutiles canciones, sendas exploraciones por su micro mundo intimo. Para hacerlo contó con la colaboración de su banda (formada hace tres años) con Nicolás Burotto (guitarra eléctrica), Alejandro Moffardin (bajo) y Lionel Fortunato (batería). Ruiz se encargo de la composición, cantar y además de la guitarra acústica y el piano eléctrico. Este disco tuvo a Gabriel Martínez como ingeniero de sonido y contó con algunos invitados de lujo como Litto Nebbia (voz en “El Bosque de los Años”), Tito Losavio (guitarra eléctrica en “Cuando el Rebaño Quiere Matar”) y Marcelo de Souza (trompeta en “Los Lobos”). Dos años antes, Andrés se había dado el gusto de cumplir un viejo sueño: Grabar un disco de rock progresivo, o mejor dicho, “rock sinfónico”, a secas…
¿Cómo fue el proceso de grabación de tu tercer disco (Los Deudos, 2008) que terminó dando un giro más “progresivo” a tu propuesta musical?
Fue una etapa determinada. Pasó porque el dueño del sello Viajero Inmóvil (que edita a grupos de rock progresivo) -junto a otros medios que gustan de ese estilo- se había interesado mucho por mi segundo disco (Amor Ventrílocuo, 2007) -que incluso tuvo muy buenas críticas en revistas progresivas, algo que jamás me imaginé que iba a pasar-, así que tuve una charla con él, y le dije: “Mirá, yo tengo un montón de temas compuestos, y un par de rock progresivo también”. Y es así, me pasa siempre –cómo te decía antes-, porque vos me preguntas por temas de metal y te digo que tengo 30 compuestos, me decís temas de rock progresivo y tengo 30 terminados en la computadora, me decís temas pop y tengo 100, 50 temas instrumentales, y así… O sea, compongo de todo. Tuve etapas de mi vida en la que no podía parar de componer. Por lo general, mucho de ese material va a quedar en la nada, pero –justamente- esa fue una época en la que empezaba a componer en ese estilo, porque estaba redescubriendo muchos grupos que me gustaron escuchar desde mi infancia: Van Der Graff, Yes, King Crimson, incluso varios grupos argentinos, toda la etapa progresiva y experimental de Litto Nebbia… Y así lo fuimos haciendo, en Viajero Inmóvil se re coparon y lo editamos. Me pareció que estaba bueno, y fue una forma de despedirme de una parte de mi vida, el hacer un disco bien progresivo, algo que uno siempre soñó cuando era chico. Lo veo ahora y pienso que ni loco hoy haría un disco así, tan delirante, pero de más está decir que estoy muy orgulloso de él y conforme por como quedó. Además, a los seguidores de ese estilo les encanta, y eso está buenísimo.
¿Qué tiene de diferente de los otros?
Tiene muchos temas largos, muchas poliritmias, hay muchos sintes analógicos, muchos condimentos bien clásicos del genero. En general, grabé todos los instrumentos yo solo, luego busqué un par de músicos puntuales, pero lo hice casi todo yo.
Luego de este disco progresivo, grabas Ruiseñor, tu último disco hasta la fecha, ¿cuál es tu balance del mismo?
Con este disco la gente se dio cuenta de que así como puedo hacer un buen disco experimental y progresivo, también puedo hacer un disco de canciones, ¿no? Porque muchos críticos me tenían como el cantautor “raro” y, de repente, con la edición de Ruiseñor, muchos medios lo vieron con buena cara porque son canciones pop, bien sencillas, pero sin perder mi complejidad, porque tampoco son temas de dos acordes…
¿Cómo se te ocurrió llamar a Litto Nebbia y a Tito Losavio, para que participen de invitados en el disco?
Porque soy bastante fanático de Litto y era un sueño. Justo una de mis canciones me pareció que era ideal para que participara él, así que lo contacté, y aceptó muy gentilmente. Lo de Tito se dio por medio de un contacto en común que tenemos. Como yo hace bastante que me vengo “rompiendo el culo” en esto –ya que hacer música es muy difícil, porque es más lo que sembrás que lo que cosechás-, de repente pasan cosas como éstas, el darte el lujo de tener de invitados a artistas como ellos, y eso es fruto de un trabajo de años en la música. En muchos casos esto pasa porque tus discos les llegan a varios músicos que uno admira, que te empiezan a conocer. también algo importante que pasó en este cuarto disco fue que logré componer canciones concisas de 4 minutos, con lindos estribillos, con letras más simples; eso era mi desafío, ya que era muy difícil de poder hacer. ¿Cómo se llega a eso? Simplemente, porque previamente pasaste por lo complejo. Son 10 o 15 años de tocar cosas complejas, de leer piezas difíciles, de un entramado muy sofisticado de músicas, ritmos, letras, palabras… Y llegué a esa simpleza que buscaba recién en este cuarto disco, no podría haberlo hecho antes, nunca podría haber sido pautado de antemano, siempre trato de ser espontáneo.
Es como una especie de proceso…
Totalmente, con el tiempo te vas redescubriendo y vas modificando cosas, es como una suerte de auto transformación.
¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
Ya tengo un disco nuevo, casi todo compuesto, del que estoy terminando las letras. Ahora estoy buscando un productor, algo hasta ahora inédito para mí porque, en general, todos los discos anteriores los produje yo. Me gustaría que en este disco nuevo haya un productor que me aporte su visión y potencie todas mis ideas. Ahora estoy en un proceso pleno de composición, encerrado muchas horas, con el lápiz, escribiendo letras todo el tiempo. Falta un par de meses para cerrar las letras, pero ya tengo compuestas como 25 canciones nuevas, más o menos; y quizás llegue a la grabación con 40 temas terminados. Mi idea es empezar a grabarlo a fin de año y que salga editado en 2012, algo con lo cual estoy muy contento porque ya tengo un par de canciones muy lindas para mostrar. Va a seguir la veta cancionera y pop de Ruiseñor, pero aun más pronunciada.
Miembro fundador de La Portuaria junto a Diego Frenkel, Christian Basso es el artífice de grandes canciones que ya se han instalado en el inconsciente colectivo como “Selva” y “El Bar de la Calle Rodney” pero sus primeros pasos en el rock local los dio a mediados de los años ochenta cuando integro como bajista las agrupaciones Clap y Fricción.
Christian Basso es un músico cosmopolita sus influencias son tan diversas que es una tarea harto difícil encasillarlo dentro de un estilo, esto mismo es lo que lo realza como compositor y multiinstrumentista y lo transforma en un músico original y polifacético.
La música gitana, clásica, las cansonettas italianas y el spaghetti western son terrenos donde Basso se mueve como pez en el agua. Ha trabajado en variadas bandas de sonido para diferentes películas como la mexicana “Nos Vemos Papa” o la coreana “Secret Sunshine / Milyang” como también en discos de artistas consagrados como Charly García o Andrés Calamaro. Sus discos como solista son viajes, son bandas de sonidos donde cada oyente puede imaginarse sus propias escenas.
En el año 2000 edito su opera prima Profania y tres años mas tarde La Pentalpha , este año junto a la agrupación Sexteto Irreal participo del álbum Jogging.
La Música Cura es el título de su flamante tercer trabajo, que abre con “El Sultan” un pseudo reggae instrumental que cuenta con hipnóticos sonidos de teclados y exquisitos punteos de guitarras, a través de los doce temas que conforman el álbum Christian Basso esta acompañado por un refinado seleccionado de músicos/ amigos de la talla de Gustavo Cerati, Richard Coleman, Daniel Melingo y Fernando Samalea, “Flowers” con letra de Haien Qiu es una hermosa balada a piano , voz y cuarteto de cuerdas arreglado por Alejandro Teran, no falta la voz de Eva Faludi en “El Quilombo” y “Viento” como ocurriera en sus anteriores trabajos.
Arpas, acordeones y clarinetes se entremezclan con samplers y sintetizadores de diversas texturas y colores, entre Ennio Morricone,Goran Bregovich y Ry Cooder se traducen temas como “Valse del Cielo”, “Argentine!” y “Vino Triste”.
No sabemos a ciencia cierta si la música cura, pero con seguridad que la creatividad de músicos como Christian Basso nos hacen la vida más placentera y excitante.