Seguinos vía Facebook

Buscanos en Facebook como Secuencia Inicial y agreganos a tu perfil, compartimos videos y novedades.

martes, 9 de octubre de 2012

LOU REED y THE VELVET UNDERGROUND

En 1965, Lou Reed formó The Velvet Underground, la banda de culto que lo llevó -aunque muchos años después- a la fama y el reconocimiento mundial. Si bien la Velvet tenía además otros integrantes talentosos, Reed era, en términos generales, el auténtico creador de aquella materia poético-musical. Este visionario dentro de su época creó una estética; y no sólo fue un precursor en lo estilístico musical sino también en lo humanamente actitudinal.
Simon Reynolds en su libro Después del Rock (2010) habla de los años del postpunk y dice que "ciertas figuras como John Lydon o Mark E. Smith de The Fall se adecuan al síndrome del intelectual anti-intelectual: lectores voraces y sin embargo, desdeñosos respecto del arte en sus formas institucionalizadas". Bueno, esto se observa en Reed con 10 años de anticipación. 
Aunque, por esos años, The Beatles lanza su explosivo álbum Help! con baladas como “You’ve Got to Hide Your Love Away” o “You’re Going to Lose That Girl”, y ni hablar de “Turn! Turn! Turn!” de The Byrds, por nombrar sólo algunos; a lo que se suman los avances de un garaje rock como el de The Kinks o el de los australianos The Easybeats, nada se puede comparar con el quiebre que marcó la Velvet, un verdadero punto de inflexión. Faltaban entre uno y dos años para que lleguen Floyd con The Piper at the Gates of Dawn, The Mothers of Invention con Freak Out!, The Crazy World of Arthur Brown con Same. Pero en 1965 aún no había surgido el verdadero “estallido”. Phil Strongman (La Historia del Punk, 2007) señala: “incluso en una época que abrazaba la liberación sexual, las canciones de Reed siempre parecían ir más allá. Escribía sobre una Nueva York nocturna (un mundo plagado de drogas, alcohol, ladrones, travestidos, putas y cafeterías abiertas las veinticuatro horas) de la que incluso los más modernos y jóvenes neoyorquinos no querían saber nada”. 
Curiosamente, en una entrevista para el diario El País durante el año 2008 Reed muestra una postura hostil cuando el periodista pregunta si no cree que al igual que él, con The Velvet Underground, Jim Morrison rompió los esquemas de lo que se podía cantar en el rock, y contesta que Morrison “no hacía más que reciclar letras del blues”, para finalmente levantarse y desaparecer rumbo a su habitación. El periodista no duda en afirmar que “Lou no quiere adentrarse en esos años”. Luego, en otra entrevista para el mismo diario durante el 2010, el músico advierte: “Cualquier conversación sobre The Velvet Underground le parecerá a usted una entrevista, pero a mí solo me suena a un buen montón de mierda”. 
Me pregunto si se puede conceder tal extremismo. Quizás lo único que lo explique sea el cansancio de un hombre que se hartó de luchar para salir de la jaula a la que lo confinaron los medios masivos (y no tan masivos) de comunicación. 
Son muchos los artistas que toman cierta actitud despreciativa hacia la época en la que iniciaron su carrera pero más allá de eso, y en este caso, lo innegable es el carácter emblemático para la historia del rock, del arte y de la vanguardia que Lou Reed imprimió en The Velvet Underground. 
Silvina Ghiselli.-

martes, 2 de octubre de 2012

CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD – BIG MOON RITUAL (2012)


Los Black Crowes fueron la banda encargada de redefinir el rock n’ roll en la década del noventa con discos que sudaban mucha ruta y polvo sureño, ese linaje que heredaron de grupos como Lynyrd Skynyrd y The Allmand Brothers, la  trilogía  inicial de los de Altlanta  se escribe en las paginas grandes del rock Shake Your Money Maker (1990), The Southern Harmony and Musical Companion (1992) y Amorica (1994) son discos indispensables en cualquier discoteca rockera. Comandados por los hermanos Chris Robinson en voz y Rich Robinson en guitarras y coros, fueron forjando una carrera al costado de todo tipo de modas de la época llámese grunge o rock alternativo, ellos siempre en la suya tocar rock n' roll. Tras ocho discos de estudios y los distintos cambios de formación los hermanos Robinson se toman pequeños espacios para dedicarle tiempo a sus proyectos solistas y cada tanto volver a rockear con los cuervos.
Chris el mayor de los hermanos dio el puntapié inicial de su carrera solista en el 2002 con New Earth Mud, al cual le siguió This Magnificent Distance en el 2004.
Este nuevo proyecto al cual se suma el guitarrista Neal Casal (ex Cardinals junto a Ryan Adams) es un conjunto de canciones con tintes psicodélicos y varios pasajes instrumentales anclado en la década del setenta digno de las jams de Grateful Dead o los Jefferson Airplane ese es el espíritu que sobrevuela este lisérgico Big Moon Ritual, un disco completamente fuera de los cánones que maneja la industria discográfica hoy en día de consumo rápido y voraz , para disfrutar de este trabajo hay que tomarse su tiempo y escucharlo repetidas veces, canciones de catorce minutos como “Tulsa Yesterday” encargada de abrir este vuelo lunar no es lo que abunda hoy en día y mas allá de la música un trabajo como este se agradece por eso porque no importan los limites. Chris Robinson hace lo que tiene ganas de hacer desde la soulera “Rosalee” pasando por la melancólica “Beware, Oh Take Care” o los brillantes solos de “Star or Stone” y “Tomorrow Blues”, un álbum que recorre todos los matices y variantes del genero. Está claro que no va a ser un disco clásico que todos recordaremos eternamente pero tampoco creo que ese sea el objetivo final de Robinson y sus nuevos compañeros de ruta sino mas bien disfrutar haciendo la música que llevan en la sangre y seguir germinando la semilla del rock n’ roll que es algo que saben hacer de sobrada manera.
Lean Ruano.-


CATUPECU MACHU – A MORIR (1998)


A morir fue el segundo trabajo discográfico de Catupecu Machu y su único cd grabado en vivo. De esta manera el disco se compone como un testimonio que captura la esencia original de este grupo, nada más ni nada menos que en el mítico escenario rockero de Cemento. La vivencia directa de un fenómeno que se estaba gestando; con la rareza de que el disco retrata fielmente cada segundo de ese concierto, brindado la oportunidad no sólo de acceder a las canciones, sino también a esa atmósfera que sólo el rock under puede generar.
En esos tiempos, allá por el 98´, Catupecu se formaba como un power trío con un estilo completamente distinto al que nos tiene acostumbrado en los últimos años. Fernando Ruíz Díaz, en guitarra y voz, Miguel Sosa (luego creador de Cuentos Borgeanos) en batería y percusión, sumados a Gabriel Ruíz Díaz sacándole chispas al bajo, componían un psycho punk cargado de fuerza, de distorsión y una energía que hacía saltar hasta a quien no quería. Nada de efectos sonidos, ni computadoras, solo el poder de los instrumentos y la voz. Probablemente este no sea el período de máximo esplendor de la banda, visible luego en discos como Cuentos Decapitados, Cuadros dentro de cuadros o El número imperfecto. Sin embargo aporta la posibilidad de acceder a los inicios del grupo y a una comprensión de cómo la banda fue forjando ese estilo hard rock electrónico que los llevó al éxito.
La propuesta de Catupecu en A morir, fue considerada arriesgada, dado que ninguna banda hasta el momento en Argentina se había atrevido a grabar un cd totalmente en vivo, sin arreglos, algo completamente innovador. No obstante el grupo lo consideraba algo natural, argumentando que dado que sus shows, al igual que los de las demás bandas del circuito underground, eran grabados por el propio público en casetes, no veían razón alguna de no hacerlo ellos mismos con mejor sonido y producción.
En el concierto tocaron canciones de su anterior disco Dale! con el agregado de cinco temas completamente inéditos. La apertura la brinda “Nocoso” tema totalmente punk con la batería a mil y una letra monotemática compuesta de una única palabra. Manteniendo el ritmo y el vértigo le sigue “Todo pasa todo queda”, “Los tres deseos”, “Testigo criminal” y “Apirié omaparé piaroló” con la vibración y la energía en la voz de Fernando, acompañados por solos de bajo y guitarra a pura distorsión. Un ritual de potencia que se observa también en un tema con mucho mas contenido como “El lugar”, luego re-versionado varias veces por la banda en diferentes conciertos y CDs. Una de las perlas que decora el cd es un cover excepcional del tema “Héroes Anónimos” de Metrópolis (banda pop argentina de los 80´).
En el recorrido aparecen algunos hits de la banda en esos momentos como “Calavera deforme” y “Le di sol” canciones que grafican claramente ese estilo hardcore punk con un ritmo y letra surrealistas y psicóticos. Con una excepcional línea de bajo con el sonido único que aportaba Gabriel Ruíz Díaz. Un gran tema que se destaca en el disco es “La llama”, también con fuerza y emoción, pero con más poética, reflexión y un excepcional riff de guitarra que queda grabado en la memoria, tal vez marcando el camino hacia el futuro del grupo. En este plano aparecen en el disco temas mucho mas sentidos, bajando un poco las distorsiones y dando protagonismo a la voz, dentro de los que se destacan “Cuantos son”, “Mil voces finas”, “El sueño” y “El rostro”. Con respecto a las influencias presentes en el disco se puede observar incluso un tema que mezcla el hard rock y el folclore como “Ritual” casi como una búsqueda de sonido más allá del punk.
Infaltables en todo concierto de Catupecu Machu dos temas que incitan y promueven el pogo como ninguno. El primero “La polca” un tema inspirado en las polcas nórdicas pero cuya letra no posee conceptos, sino palabras inventadas por la banda que acompañan la música. Esta canción cuenta con la participación de Javier Herlein en acordeón, quien luego se convertiría en baterista de la banda.
El segundo “Dale!”, tema icónico de la banda que nos va arrastrando con un sonido envolvente y que deja los silencios y ritmos necesarios para que se genere ese rito rockero donde no importa nada más que chocar y disfrutar de la música. Un tema para generar revoluciones, que invita al perpetuo movimiento y que todo fanático de la banda, que se precie de tal, quiere escuchar en cada concierto.
Dentro del disco la banda escribió unas palabras que buscan mostrar la filosofía del álbum y que es bueno destacar para acceder a la fibra más íntima de este particular trabajo: “Se nace con todo. La vida siempre es vida en sí misma, es un extremo y los extremos de más vida, en que la vida baila y grita y se destuerce y sale. Son esos momentos que quedan grabados en relieve. Son esos en que la última gota de transpiración que queda parece estar por dejarnos, que los huesos están por salirse, que la emoción es uno mismo… Siendo uno y todos a la vez.”
Tal vez de eso se trata, de un sentimiento compartido que va mas allá de la música, que busca rebelarse, que busca correr, saltar y gritar. Un sentimiento que desborda lo armónico y que se transforma en pura energía, con un toque de locura.
Gustavo E. Rosatto.-


LA HISTORIA DE THE BOYS NEXT DOOR


The Boys Next Door fue la banda iniciática de NickCave, que así se llamó desde sus inicios en 1973 hasta su traslado a Inglaterra en 1980 donde cambian su nombre a The Birthday Party. Esta banda originaria de Australia, se formaba con Nicholas ‘Nick’ Cave (en voz), Michael Harvey (guitarra), Phillip Calvert (batería) y Tracy Pew (bajo). Como colaborador para algunos temas también contaban con el saxofonista, Christopher Coyne. En sus primeras épocas The Boys Next Door se dejaron influenciar por la fuerte tendencia del rock psicodélico y sobre todo el progresivo; sin embargo y lamentablemente, no hay registro alguno de ello salvo por grabaciones caseras que alguien pudo haber obtenido en las presentaciones, las cuales intercalaban covers de Lou Reed, David Bowie o Roxy Music  entre sus propios temas.
Todos los integrantes de The Boys eran adolescentes, por lo que su inicio artístico estuvo ligado a su despertar a la vida. Y con el correr de los años su maduración musical fue notable. La llegada de Rowland S. Howard acompañó ese proceso madurativo hasta llegar a culminar en la consolidación de un estilo particular marcado por los rítmicos y chirriantes toques de su guitarra.
Antes de 1979 ya tenían grabado algunos temas y videos, pero ese año lanzan su único disco oficial, Door, Door. Este trabajo consta de 10 temas y es una reliquia en muchos sentidos, sin embargo, se destaca por el hecho de haber sido el antecedente de la locura que fue The Birthday Party y, por qué no, del innovador del proyecto del Cave “maduro” en Nick Cave and The Bad Seeds.
Los temas del disco son variados, se podría decir que arranca bien arriba con "The Nightwatchman", tiene un pico sonoro y poético con "Somebody's Watching", y termina en el subsuelo con la hermosamente depresiva "Shivers", compuesta y cantada por Howard y Cave, respectivamente. Este disco tuvo una buena recepción en Australia y “Shivers” se convirtió en un éxito. Así también en 1979, sacaron el EP Hee Haw donde comienza a verse la transición y a su vez escucharse varios de los temas que, más adelante, formarán parte del primer disco de The Birthday Day.
En 1980 Australia se encontraba en posguerra y por consecuencia  - aunque más tardíamente que a otros países- la crisis política y socio-económica. Debido a esto, los músicos decidieron asentarse  y seguir el proyecto en Inglaterra. Una vez establecidos en tierra británica es que cambian de nombre a The Birthdat Party, marcando el fin de The Boys Next Door. Existen diferencias entre La Birthday y The boys  que pueden notarse no sólo en lo musical, sino también en la estetica que transmite en sus shows o videos. Como por ejemplo,  en la filmación de “These Boots Are Made For Walking” (1978) o “Shivers” (1979) se puede ver a los Boys con vestimenta formal y siguiendo tranquilamente serios el compás de la música; en “Nick The Stripper” (1981) de Birthday se los ve  y se los escucha más bien punk y frenéticos, en la imagen se lo ve a Nick Cave con el torso desnudo y una inscripción que dice “Hell”.
En este recorrido se vislumbra cómo en sus 7 años de desarrollo The Boys Next Door nació, creció y murió, dando un solo  fruto. Pero, demostrando mediante su único disco su talento para sintetizar años de labor y de exploración sonora y estilística, con un abanico que va desde tintes punks hasta destellos de jazz. Todo un desafío.
Silvina Ghiselli.-