Seguinos vía Facebook

Buscanos en Facebook como Secuencia Inicial y agreganos a tu perfil, compartimos videos y novedades.

miércoles, 17 de octubre de 2012

THE CRICKETS – THE ‘CHIRPING’ CRICKETS (1957)


The ‘Chirping’ Crickets es el disco debút del trascendental Buddy Holly y el único de sus LP en el que será acompañado por los Crickets.  Sale a la luz en 1957 desde el estado sureño de Nuevo México en EEUU y es producido por Norman Petty, quien no solo representaba artistas sino que también cumplía el rol de ingeniero de sonido.
Hollly como gran admirador de Elvis Presley, usó los patrones estéticos propios del rockabilly (un cantante y guitarrista acompañado de una base de guitarra, contrabajo y batería, adornados con voces de fondo), pero gracias a su dulce timbre de voz y a la inusual claridad final alcanzada en los instrumentos y arreglos corales, despojó a este estilo de su característica rudeza y lo trasladó al terreno del pop, logrando un sonido novedoso y abriendo las puertas a distintos públicos, incluyendo aquellos que se encontraban del otro lado del océano (No debe olvidarse que los Beatles se llamaron “escarabajos” inspirados en los “grillos” de Buddy) El líder de los Crickets, que se destacaba como un singular guitarrista, contaba además con el baterista Jerry Allison, quien proponía frecuentemente nuevas formas de tocar y se adaptaba a los ritmos propuestos por aquél con gran versatilidad.
Además de la calidad sonora lograda en el estudio, otra razón del éxito de este disco radica en su contenido lírico. El furor que el rock & roll había generado en 1956 por su carácter controversial e innovador a lo largo y a lo ancho de Estados Unidos pero estaba empezando apagarse a principios del año siguiente. Esto se debió principalmente a que había dejado de ser una novedad, por lo tanto se necesitaban nuevos esquemas y fórmulas de composición y grabación, combinados con temáticas que siguieran respondiendo a las necesidades de un mercado conformado mayoritariamente por el público adolescente.
Así, empezó a crecer el volumen de canciones referidas a las problemáticas de los más juveniles, contexto en el que Holly supo desempeñarse notablemente, siendo el autor de algunos de los mayores éxitos de la época que trataban de las relaciones amorosas. En este álbum se destacan  “That’ll be the day”, tema en el que, Buddy, con tono provocador pero a la vez alegre y armonioso,  le advertía a su amada: “dices que vas a dejarme / sabes que eso es mentira / porque ese será el día / en que moriré”. En “Not fade away” se mostraba firme y autoritario: “voy a decirte cómo va a ser / me darás todo tu amor a mí”. Mientras, “Oh boy” refleja la excitación propia de un muchacho antes de concurrir a su cita: “toda mi vida estuve esperando / esta noche no habrá titubeos”.
En sólo dos años, Buddy Holly generó una influencia considerable en la generación de artistas que gozaron de éxito en los ‘60. Le dió forma al prototipo de banda pop que sería repetido infinitas veces y derribó el estereotipo de frontman seductor y galán luciendo orgullosamente sus inmensos lentes. Su carrera musical finalizó abruptamente el 3 de febrero de 1959, cuando perdió la vida en un accidente aéreo junto con los músicos Ritchie Valens y J.P. “Big Bopper” Richardson. Años después, el cantante folk Don McLean nombraría esta fecha como “el día en que la música murió”.
Juan Irurueta.-


martes, 9 de octubre de 2012

BOB DYLAN - TEMPEST (2012)

Durante este año 2012 hemos tenido la fortuna de contar con nuevas obras de los mas grandes referentes de la cultura rock de todos los tiempos, Leonard Cohen nos presento el oscuro Old Ideas, y Neil Young con Americana nos dio un repaso por el cancionero folk americano, pero nos faltaba uno, un nuevo álbum del eterno Robert Zimmerman para completar esta trilogía de sabios narradores del rock, ¿sobrevivientes? Sin dudas, pero demostrando que todavía tienen mucho para decir.
Tempest el nuevo disco de Bob Dylan es una obra que desborda blues añejo y country rock de altura. Hablar de Dylan es hablar de uno de los mas grandes artistas del siglo XX, influyo en la obra de cientos de músicos, todos lo nombran como un referente ineludible, su obra es inmensa debuto allá por 1962 demostrando sus dotes de gran narrador de historias de personajes que venían de los estratos mas bajo de la sociedad, como él. 
Profundo admirador de Woody Guthrie, se instalo en Nueva York a comienzos de la década del sesenta y no desaprovechó las oportunidades que esta ciudad le brindaría. A lo largo de su carrera fue forjando un carácter parco que lo trasformaron en este songwriter maduro de voz cascada. Compuso discos clásicos en casi todas las décadas, pero su fuerte fue a mediados de la década del sesenta trabajos como The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), Highway Revisited (1965) y Blonde on Blonde (1966) forjaron los cimientos de un country rock irrebatible. Es junto a los Beatles uno de los artistas mas versionados del mundo, nunca lo cegaron las luces del centro, ni las excentricidades de los rock star y cuando esto podía llegar a pasarle se guardaba, se cuidaba, se refugiaba en sus amigos. 
A los 71 años Dylan nos entrega su trabajo en estudio número 35, a poco de cumplir cincuenta años de carrera nos sorprende escuchar a un cantautor notable con un aura de sabia madurez, con esa tranquilidad que solo derrochan las personas que hacen lo que realmente tienen ganas de hacer, sin ningún tipo de ataduras. A esta altura el bueno de Bob no debe pedirle permiso a nadie, ni buscar guiños cómplices de las compañías discográficas, simplemente escribe canciones y sale de gira de tanto en tanto. 
Tempest comienza con “Duquesne Whistle” compuesta en co autoria junto al poeta y ex Grateful Dead Robert Hunter con quien ya había entablado una gran relación compositiva en su anterior obra Together Through Life (2009) y es un comienzo ideal para el viaje mental que el disco nos propone por la música de raíces folk y blues de los años veinte y treinta. Todos esos artistas que influenciaron a Dylan en el comienzo de su carrera están presentes a lo largo de los diez tracks que dura el álbum, en el cual Dylan se despacha con extensas composiciones como “Narrow Way”, “Sacrlet Town” y “Tin Angel” largos sermones que abarcan temas como las relaciones humanas de amor/ odio , venganzas, mucha acción y controversias religiosas como si fuesen mini películas que duran entre siete y nueve minutos, pero eso no es todo en la canción “Tempest” casi catorce minutos sobre el hundimiento del Titanic, ¿podemos tomarlo como un futuro epitafio?. Quizás, con Dylan nunca sabemos. Y para el final un homenaje al genio de Liverpool con “Roll on John”. Lennon en palabras de Dylan dos genios de la cultura grande del siglo XX unidos en una canción.
Tempest es nada más y nada menos que otro disco de grandes canciones, de quien es quizás el mejor cantautor de todos los tiempos, muchos dirán que no trae nada nuevo y que es un tanto monótono OK, yo prefiero disfrutarlo como se disfruta a los grandes de verdad sin tantos cuestionamientos. 
Lean Ruano.-

MUMFORD & SONS – BABEL (2012)

Mumford & Sons, junto con los Fleet Foxes y Bon Iver entre otros, forma parte de la oleada de artistas indie folk que viene haciendo ruido desde fines de la década pasada, reivindicando los aguerridos rasgueos acústicos, las armonías vocales y las camisas leñadoras. Babel, editado en septiembre de este año, es el segundo disco de los londinenses después del célebre debut Sigh No More (2009), ambos producidos por Markus Dravs, que también trabajó con Björk, Arcade Fire y Coldplay.
El sonido de la banda en términos generales no varió demasiado respecto de su ópera prima Sigh No More de doce piezas -quince en la edición deluxe, que incluye un cover de “The Boxer” en la que participa el propio Paul Simon-. La mayoría de los temas comienzan con la voz de Marcus Mumford, esta vez mucho más áspera y furibunda que en su trabajo anterior, sobre una base de guitarra acústica; luego el ritmo se impacienta para finalmente explotar en un gran despliegue instrumental en el que el banjo de Winston Marshall y la percusión, ejecutada por los otros tres miembros del grupo (el bajista Ted Dwane, el tecladista Ben Lovett y el mismo Mumford), cobran una importancia destacable. El primer corte, “I will wait” (hit asegurado), es un ejemplo de este esquema bipolar que alterna tranquilidad con una cólera apasionada. 
Sin embargo, el aspecto más destacable de Babel está en sus letras. El tema recurrente del disco es la esperanza: “Dame esperanza en la oscuridad y veré la luz / porque (los fantasmas), oh, me dan mucho miedo / pero aguantaré todo lo que quieras / sólo prométeme que estaremos bien”, implora "Ghosts that we knew". Asimismo, su contenido religioso es explicitado en “Holland road” (“cuando estoy de rodillas, aún creo”); “Lover’s eyes” (“caminaré lento / toma mi mano / ayúdame en mi camino”); y “Whispers in the dark” (“puedo ser un canalla, pero no un fraude, y así serviré al Señor”). Mumford también se muestra obsesionado con la búsqueda de lo verdadero: “Mi corazón puede ser una farsa, pero yo naceré desenmascarado”; “mejor no respirar que respirar una mentira”, exclaman el tema que da nombre al disco y “Broken crown”. Por otro lado, en “Hopeless wanderer” se enfatiza la idea de no sucumbir ante la desesperación: “Agárrame rápido / que soy un vagabundo desesperanzado / y aprenderé a amar los cielos bajo los que estoy”. Las referencias a la comunión de lo sublime con lo terrenal, claramente un vínculo con la Torre de Babel, construida con el objetivo de llegar al cielo, también se hacen presentes en la citada “I will wait” (“los días de polvo se volarán bajo este nuevo sol”; “conocer el suelo”) y en “Below my feet” (“mantén la Tierra bajo mis pies”).
Mumford & Sons ha logrado un trabajo orgánico y homogéneo que no tiene mucho que envidiarle a su predecesor. No es, por el momento, pertinente acusarlos de hacer un disco estéticamente demasiado similar al anterior, ya que recién van por el segundo y se encuentran en pleno desarrollo de una línea estilística que sigue una lógica que aún no están dispuestos a modificar. Siempre y cuando continúen con el deseo de alcanzar la gloriosa cima que plantea Babel, el tercer disco será anhelado de manera expectante. Esperemos que en su ambición de ascenso no les pase como a Ícaro y el sol les incinere las alas. 
Juan Irurueta.-

WALTER MALOSETTI – ESENCIA (2012)

Intentar no caer en una catarata de adjetivos es casi una tarea imposible cuando uno escucha la última producción de Walter Malosetti, Esencia. ¿Cómo hacer semejante cosa? ¿Cómo se puede no decir que éste es un disco delicioso, y atrapante de principio a fin con su swing incomparable? Y es que Walter, con sus jóvenes 81 años, nos vuelve a entregar una clase del mejor jazz, from the beggining, alternando piezas propias con versiones de clásicos hasta conformar un repertorio de catorce piezas que se pueden degustar lentamente, con un aperitivo al lado, sumergiéndose en cada uno de los sonidos de esta labor de amor, y descubriendo maravillas en cada nueva escucha.
Para grabarlo, Malosetti se rodeó de instrumentistas de calidad como Mauro Vicino y Walter Coronda (ambos, guitarra rítmica), Guillermo Delgado y Pablo Carmona (ambos, contrabajo), y Pablo Gignoli (bandoneón); además de contar con la colaboración de Fernando Lupano (contrabajo), Larry Martin (batería) y Marcelo Peralta (saxo tenor), estos tres últimos, músicos con los que Walter tocó en su gira por España y que en Esencia aparecen en un par de piezas grabadas en vivo. En resumen, en este trabajo brilla el Malosetti maestro de jazz, y si “esencia” es “el conjunto de características permanentes e invariables que determinan la naturaleza de un ser”; este álbum se ciñe a ese significado. 
Este es un disco de jazz clásico, pero fresco y atemporal, en sintonía con un estilo nada anquilosado, como una verdadera joya de estos tiempos. Esto se aprecia en varias composiciones propias como la rítmica, sinuosa e irresistible “Papo Blues” (¿podría haber un homenaje más original al Carpo que este?), o la genial “Vale Blues”. En “Anay” el bandoneón de Gignoli añade a la música de Malosetti un sonido bien melancólico y rioplatense, redondeando un contrapunto instrumental de alto nivel. “Roxana” es una pieza sutil y encantadora; y “Ushuaia, 79, Al Fin” se destaca por su dinamismo y rítmica sin par. Mientras que en “Calle de Peligros” Walter se encarga de sintetizar, en apenas dos minutos y medio, lo mejor de la alcurnia del jazz argentino, el del gran Oscar Alemán, al que Walter conoció y admiró siempre. 
¿Y de las versiones qué podemos decir? Simplemente, impecables. Desde “Four” (Miles Davis), pasando por el hiper clásico “Take the “A“ Train” (Billy Strayhorn), la incomparable “Scrapple from the Apple” (Charlie Parker), “Nuages” (Django Reinhardt) o “Cherokee” (Ray Noble). Pero si hay una versión que se lleva todas las palmas esa es “Soledad”, el hermoso tango canción de Gardel y Lepera, en donde el tandem formado por Malosetti y Gignoli realiza un sentido y respetuoso homenaje con otra impecable interpretación. Finalizan el disco dos bonus tracks en vivo: “Sara”, una hermosa canción escrita y dedicada por Walter a su mujer; y “Neco Blues”, otra dinámica e irresistible composición propia. Ok, ya sé, fallé... Pero, ¿cómo se podía hablar de Esencia sin adjetivos mediante? ¡Imposible! Y más cuando uno se encuentra con un álbum como este, ideal tanto para el oyente de jazz neófito como para los adictos a esta música que nunca dejará de apasionarnos...
Emiliano Acevedo.-